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Dos falang en Laos: en moto por el Plateau de Bolaven


Introducción a un nuevo país

Tanto a Carmen como a mí siempre nos ha gustado leer y, durante este viaje, estamos aprovechando todos los momentos disponibles para alimentar esta afición. Rebuscando en la enorme biblioteca electrónica que llevamos con nosotros (nada más y nada menos que 11000 libros) intentamos encontrar aquellos que, además de basar su argumento en los países por los que vamos viajando, también nos hablen, entre otras cosas, de sus costumbres, de su cultura o de su historia.

En alguno de esos libros se menciona una palabra que en el idioma local define al

extranjero, en particular al hombre blanco, aunque no necesariamente. Por ejemplo en swaihili se utiliza el término mzungu (se puede traducir por algo así como errante sin rumbo), en cantonés gweilo (que equivaldría a un ser fantasmal), y seguro que a todos os sonará gringo o guiri, palabras que usamos los hispano parlantes dependiendo de la latitud en la que estemos. En Laos esta palabra es falang.

Aunque esto ocurra prácticamente en todos los países, no ha sido hasta Laos donde se ha hecho evidente para nosotros. Desde que entramos en este país, no importa el lugar o la situación en la que nos encontremos, escuchamos esta palabra siendo nosotros los dos únicos falang de los alrededores. Niños que se quedan atónitos mientras nos señalan con el dedo, adultos mirándonos de reojo o incluso descaradamente, mientras hablan entre ellos. Nosotros en Laos somos dos falang. La inmensa mayoría de las veces en que usen ese término lo harán sin connotaciones negativas, aunque en alguna ocasión nos haya tocado pagar el precio de algo con "suplemento falang". Esa es la realidad y una vez acostumbrados, incluso bromeábamos sobre ello en determinadas situaciones.

Aunque los primeros falang llegaron aquí en el siglo XVII no fue hasta la época de colonización francesa, a finales del siglo XIX, cuando la presencia del hombre blanco se hizo notable. En la época de Indochina, etapa convulsa con numerosas guerras, los franceses se asentaron en todo el sudeste asiático, con la excepción de Tailandia. Durante estos años no sólo dejaron la arquitectura colonial sino que poco a poco fueron introduciendo algunas costumbres falang.

En la actualidad aún nos encontraremos con baguettes por las mañanas, bodegas decentes de vinos (especialmente en Vietnam) y muy buen café (ya sabemos como les gusta lo bueno a nuestros vecinos galos). Además de todo esto, es frecuente encontrarse con algunos expats y turistas (muchos) de este país. No es de extrañar que algunos de los nombres de lugares aún conserven nombres tan franceses como es el caso del Plateau de Bolaven, cerca de Pakse, donde comenzamos la serie de entradas sobre Laos. En esta primera entrada (un poco más larga de lo normal) os encontraréis primero con un poco de información útil y a continuación os proponemos un par de rutas en moto en las que visitaremos templos milenarios, poblados étnicos, mercados, granjas orgánicas y muchas cataratas. Y todo ello ilustrado con un montón de fotos. ¡Vámonos y no os olvidéis el casco!

Un par de monjes budistas, omnipresentes en Laos.

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Un poco de info útil antes de comenzar

Cómo llegar: nosotros llegamos a Pakse, capital de la provincia de Champasak y punto de partida para cualquier excursión hacia el Plateau de Bolaven, desde Savannakhet. Hicimos el trayecto en un bus local que tardó unas seis horas para recorrer algo menos de 250 kilómetros y por el que pagamos 40 000 kips (1€ son más o menos 10 000 kips). El tiempo varía dependiendo del número de paradas que haga y ésto es una incógnita (es tal que en los tableros con los horarios de las líneas la hora de llegada aparece con un signo de interrogación).

Una horda de vendedoras en una parada de las muchas que hizo el autobús

Dónde dormir y comer: en Pakse hay muchos alojamientos pero la relación calidad-precio no es muy buena cuando se quiere viajar con un presupuesto bajo. Las tres noches que pasamos en la ciudad (dos al llegar de Savannaket y una antes de continuar hacia el sur) lo hicimos en Sedone River Guesthouse (60 000 kips por noche), unos bungalows a la orilla del río. Básicos, con ventilador y baño privado, están limpios y son bastante amplios. Están un poco alejados del centro y tienen una terraza junto al río donde descansar al final del día. Con un poco de trabajo por parte de los dueños, sin duda se podrían convertir en el mejor lugar para mochileros de todo Pakse. Durante nuestra ruta de dos días alrededor del Plateau dormimos en un pequeño pueblo cerca de las cascadas de Tad Lo. Aquí también hay varias opciones de todos los precios.

Nosotros dormimos en Sailomyen Guesthouse (50 000 kips), en un bungalow ultra básico con unas de las mejores vistas del río. Además Mama Thia, la dueña, nos trató muy bien.

Para comer en Pakse, os recomendamos Jasmine, un restaurante indio en la calle principal

(enfrente de la tienda de Miss Noy) y en Tad Lo, nosotros probamos la cocina de Mama Thia para la cena y desayunamos en Mama Pap, uno de los mayores crêpes que jamás hayamos visto.

Sedone River Guesthouse

Interior del bungalow en Sailomyen. No nos hace falta mucho más.

Qué hacer: es simple. En el centro de Pakse busca el establecimiento de Miss Noy en la Road 13 (esta carretera cruza el país de norte a sur). Allí, todos los días a las seis de la tarde Yves (un chico belga) explica gratuitamente todo lo que necesitas saber para disfrutar del Plateau y sus alrededores. Desde las pequeñas excursiones hasta las rutas de varios días, qué ver, a quién visitar y dónde comer y dormir. El único gancho es que así alquilarás con ellos la motocicleta (aunque no obligatorio), fundamental para disfrutar de esta zona con mayor libertad. Además podemos garantizaros que ofrecen las mejores condiciones en cuanto a servicio de alquiler, aunque quizás no los mejores precios.

Este es el mapa que reparte Yves con nuestros apuntes

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Ruta 1: day trip a Wat Phou

Siguiendo las instrucciones de Yves partimos desde Pakse hacia el pueblo de Champasak donde hicimos una primera parada. Esta pequeña población es muy calmada y hay varios alojamientos si se busca tranquilidad entre la ya de por sí relajada vida de Laos. Muy cerca de Champasak encontramos las ruinas de Wat Phou, uno de los lugares sagrados más importantes para la gente de Laos. El templo, erigido durante el imperio jemer, se levanta frente al río Mekong subiendo hacia una colina cercana. Después de visitar Angkor (ver la entrada aquí) va ser difícil que nos impresione algún otro templo por esta parte del mundo. Tal vez se pueda comparar con My Son, del que os hablamos en una de nuestras rutas por Vietnam. Sea como sea, estamos seguros de que no dejará indiferente al visitante.

Éste es uno de los templos mejor conservados

Lo mejor de estas ruinas budistas (originalmente se veneraba al dios hindú Vishnu) es sin duda la panorámica que nos encontramos desde su cima. Se dio la casualidad de que nosotros llegamos el primero de los días del festival de Wat Phou, donde miles de laosianos peregrinan hasta aquí, siendo ésta una de las fiestas más importantes del país, y donde por unos días los rezos y tradiciones se mezclan con una celebración mucho más pagana.

Poco a poco los peregrinos van llegando

El agua que surge de esta montaña es considerado sagrado por los budistas

Tras la visita regresamos a Champasak y comimos en Nakorn, con unas excelentes vistas al Mekong, que cruzaríamos después en una barca para continuar hasta una pequeña catarata y piscina fluvial. No recordamos su nombre pero para llegar hay que coger un desvío a la altura del pueblo del kilómetro 25 en la misma Road 13. Es un bonito rincón natural entre pozas y saltos de agua frecuentado por la gente local.

Con moto y todo

Una de las pozas en esta bonita piscina fluvial

La última parada del día fue ya a escasos kilómetros de Pakse a visitar un mercado local. Ya sabéis que nos gustan los mercados y éste, sin duda, es uno de los más peculiares que hemos visitado, especialmente por los "productos" que se puede comprar en alguno de sus puestos

¡Póngame media docena!

Ruta 2: Dos días por el Plateau de Bolaven

Comenzamos esta segunda ruta temprano para evitar las horas de más calor, axfisiante por estos lares. Una vez más dejamos atrás Pakse y seguimos la carretera dirección al Plateau de Bolaven, cruzando varios pueblos donde se pueden comprar productos de todo tipo. Cada cual parece haberse especializado en un determinado producto: machetes, escobas, techumbres, carbón... A medida que nos adentramos en esta meseta comenzamos a mezclarnos con sus paisajes, con sus colores y el olor a mandioca secándose al sol, que nos acompañará los próximos dos días.

Mandioca al sol, se utiliza para alimento animal

El primer alto lo haremos en Tad Pha Suan, donde encontramos la primera de las cataratas (tad significa catarata). Se puede hacer una pequeña ruta por los alrededores, hay un restaurante y varias casas donde alojarse, alguna de ellas literalmente en los árboles. Con la mismo entrada de la catarata se visita una aldea donde los habitantes simulan el estilo de vida tradicional. Es más un parque temático para turistas pero aún así tiene un poco de encanto.

Tad Pha Suan cae entre columnas basálticas

Otra vista de Tad Pha Suan

Aunque aún quedan tribus que visten las ropas tradicionales, las que

encontramos aquí "actúan" para diversión de los falang

La segunda parada fue en la plantación de café de Mr. Ving. Tras degustar su delicioso café orgánico, Mr. Ving nos acompaña en un pequeño recorrido por sus terrenos (pagamos 20 000 Kips por persona). En este tour nos explica un montón de cosas interesantes sobre la plantación, el procesado del grano del café, los árboles frutales,

sobre su vida y sobre todo aquello de lo que le preguntamos (como cuando nos explicaba cómo se curó él mismo una picadura de serpiente siendo joven). ¡Y por el mismo precio incluso comimos hormigas!

Un momento de la visita con Mr. Ving

Estas hormigas son un incordio a la hora de recoger el grano de café (y saben a limón)

También vimos como se teje en un telar rudimentario

La parada final del día fue en el pueblecito cercano a Tad Lo, donde hicimos noche. Muy cerca se pueden visitar las cascadas de Tad Hang, Tad Soung y la propia Tad Lo. Hay varias aldeas étnicas tradicionales en los alrededores. Todos los días a las 16:30 se puede ver gratuitamente el baño de los elefantes en Tad Lo Lodge, aunque nosotros, contrarios a la explotación animal, decidimos esperar a otra ocasión para conocer a los enormes paquidermos. Finalmente disfrutamos de una fantástica puesta de sol desde las hamacas de nuestro bungalow.

Tad Lo

Desde lo alto de Tad Soung, seca debido a una presa aguas arriba.

Tad Hang

Dormimos en los bungalows del fondo a la derecha

El segundo día comienzó con un desayuno potente en Mama Pap, y sin mucha demora continuaríamos nuestro itinerario ya que queríamos llegar a dormir a Pakse. La primera parada del día fue en Ban Kok Pungthai donde intentamos encontrar a Mr. Hook. Él nos habría de contar un poco sobre la etnia minoritaria de los katus, sus costumbres y tradiciones. Tuvimos mala suerte ya que Mr. Hook se había ido a la celebración en Wat Phou así que nos quedamos con las ganas de saber más sobre esta tribu que construye sus propios ataúdes en vida y, ya desde niños, se pasan la vida fumando una mezcla de tabaco y azúcar en pipas de bambú.

Esta bonita niña katu se preguntaba que hacían dos falang en su pueblo

El resto de día estaba reservado a visitar varias cataratas que se encuentran muy cerca unas de otras. Comenzamos con Tad Yuang, muy fotogénica, luego fuimos a Tad Champi, perfecta para refrescarse, a continuación Tad Fan, la más alta del país con sus impresionantes 120 metros de caída y finalmente Tad Itou, que también nos sorprendería por la belleza del entorno.

Tad Yuang

Tad Champi

Tad Fan

Tad Itou

Se puede llegar hasta escasos metros de todas las cataratas en moto y los accesos son más o menos buenos. En casi todas hay que pagar una pequeña entrada (entre 5000 y 10000 kips) y suele haber un parking de pago (sobre 2000 kips) para dejar la moto que, si se sigue el consejo de Yves, es más que recomendable pagar.

Desde la última de las cataratas hasta Pakse son sólo unos 30 km. De todas formas si se está cansado siempre se puede parar a hacer noche y continuar a la mañana siguiente para devolver la moto antes de las 8:00. Nosotros para no tener que madrugar excesivamente, finalizamos el recorrido hasta Pakse ese mismo día, cerrando el bucle pequeño del Plateau de Bolaven, uno de nuestros lugares favoritos en lo que llevamos de viaje. Desde allí seguiríamos a la mañana siguiente hacia las 4000 islas donde continuarían las aventuras de estos dos falang en Laos.

#VueltaalMundo #LAOS #PlateaudeBolaven #Roadtrip #Pakse

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