• Carmen con uVe

Descubriendo Colombia: Boca de Camarones (y flamencos)


Cuando viajamos nos gusta improvisar y dejar que el destino y las recomendaciones de los locales y otros viajeros nos hagan desembarcar en puerto desconocido. No vamos a negar que casi siempre planeamos nuestras rutas pero intentamos no llevar nada reservado por eso de dejar un margen a la improvisación. Así fue como llegamos a Boca de Camarones y al Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, un lugar que nos enganchó y del que nos costó irnos. No sabríamos explicar muy bien la razón y puede que haya quien no le encuentre la belleza que nosotros le vimos, y es que el mayor tesoro estaba escondido en la gente y el alma del lugar.

En este post os contaremos nuestro paso por Boca de Camarones y os daremos la información necesaria para quien quiera dejarse enamorar por este rincón de la Guajira y visitar un santuario de aves sin igual en la costa caribeña.

Flamencos rosados en el lago de Navío Quebrado

Boca de Camarones, un tesoro en La Guajira

Llegamos a Boca de Camarones directamente desde Palomino, después de una pequeña desventura, y con ganas de tranquilidad lejos del bullicio turístico. Para llegar hasta Boca hay que desplazarse primero a Camarones (en coche compartido desde Palomino son 15 mil pesos) y luego tomar un moto-taxi (3 mil pesos). También se puede llegar desde Riohacha, que se encuentra a tan sólo 10 km o desde Santa Marta por la troncal del Caribe.

Habíamos visto por internet el Hostal CQ Flamencos Beach, muy sencillo y baratito (30 mil pesos habitación privada con baño) así que fuimos directamente. Nada más llegar conocimos a Carolina, una joven wayuu que limpiaba las habitaciones silenciosa, y a Eva, una guajira de grandes proporciones, trabajadora y con dotes para los turistas que en seguida nos consiguió un descuento en la habitación convenciéndonos así de que comiéramos en el restaurante Los cocos, donde ella trabaja. Ambas serían protagonistas de nuestros días allí y origen de muchas de las reflexiones que me hago en estos viajes sobre el papel de la mujer en el mundo.

En Boca de Camarones casi no hay servicios más allá de unos pocos hostales, restaurantes y un par de tienditas. Para quien quiera un lugar con más servicios, es mejor alojarse en el pueblo de Camarones. Pipe (gerente del hostal) regenta otro en este pueblo, donde hay comisaría de policía, farmacia y sitios para salir. Nosotros preferimos quedarnos en Boca, entre el mar Caribe y la laguna de Navío Quebrado, acunados por la brisa marina relajados en la hamaca y con vallenato de fondo casi las 24h del día.

La vida en La Guajira va despacio, como en casi todos los lugares calurosos del Caribe. Lejos queda el intenso ritmo de las ciudades y, a menudo, los occidentales deben buscar sosiego en su interior ya que nada suele ir al ritmo que uno espera. Ahora bien, con ritmo caribeño, guajiro y wayuu, una puede hacer infinidad de cosas en Boca de Camarones.

Ritmo guajiro

Avistamiento de aves

El motivo principal que atrae turistas a Boca de Camarones no es el mar Caribe sino el Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, entorno protegido y declarado Patrimonio Nacional y Cultural de Colombia desde 1992. Aquí, además de infinidad de flamencos rosados, se pueden observar garzas, gaviotas, ibis, espátulas, águila pescadoras, pelícanos, cormoranes y así hasta unas 150 especies. La mejor época para venir es de noviembre a marzo cuando las aves regresan de su migración aunque se pueden ver flamencos todo el año.

Muchas serán las personas que os ofrecerán rutas en cayuco por el lago par ver las aves. En Con uVe de Viaje somos partidarios de fomentar el turismo sostenible y ayudar a las comunidades locales, así que os recomendamos que lo hagáis la visita con alguno de los guías wayuus que están siendo capacitados por el gobierno. Tienen amplios conocimientos de la laguna y su biodiversidad (en parte gracias a estas formaciones) y son indígenas locales que buscan dar a conocer su patrimonio y generar así una nueva fuente de ingresos para su familia y su comunidad. Nosotros, junto con otros tres turistas, fuimos guiados por José que, además de guía de la laguna, es pescador, conductor de moto-taxi y padre de 14 hijos.

La visita dura entre una hora y media y dos horas aproximadamente y el precio varía dependiendo de número de personas que vaya en el cayuco. Por barca piden entre 60 y 75 mil pesos y al ser cinco nosotros pagamos 15 mil por cabeza. Os recomendamos hacer la visita por la mañana ya que uno puede observar a las aves despertarse y sobrevolar la laguna pescando su desayuno. Visitar la laguna a primera hora de la mañana fue un ejercicio relajante y es que es un lugar hermoso que transmite paz.

Galería de fotos: Visita al lago Navío Quebrado y avistamiento de aves

Rutas a pie

La costa y todo el parque nacional es un lugar hermoso y tranquilo y se puede caminar seguro a donde se quiera. Nos gustaría poder contaros también que está muy limpio, pero la realidad en la costa colombiana (al igual que en -demasiados- lugares del mundo) es que la gestión de los residuos no está (siempre) regulada y sus habitantes no son conscientes de las consecuencias de su contaminación. Hay gente como Pipe (gerente del hostal) que intenta cambiar esta realidad a través proyectos de concienciación sobre el reciclaje y trabajando en conjunto con la gente local y algunos voluntarios. A pesar de encontrar plásticos desdibujando el paisaje, es muy interesante caminar por estas tierras áridas y conocer más sobre el bosque seco, sus habitantes (los wayuus) y sus tradiciones. Los wayuus son un pueblo indígena que habita el departamento de La Guajira. Es considerada la comunidad indígena más numerosa de Colombia a día de hoy, en parte porque sobrevivieron a la conquista de los españoles escondidos en la desértica parte alta de la Guajira y porque han conservado su cultura de generación en generación. Son, sin duda, las personas más humildes que nosotros hayamos visto en el país y su estilo de vida es diverso al del resto de los guajiros, manteniendo muchas de sus costumbres ancestrales, el trabajo con la pesca, el ganado y la artesanía y muchas tradiciones a veces difíciles de entender por los "arijunas" (extranjeros o no wayuus).

Efrén y Pipe por el Parque Nacional Fauna y Flora Los Flamencos

Un niño en una ranchería wayuu

Junto con Pipe hicimos una ruta a pie (unos 16 km, 10000 pesos por cabeza) por el Parque Nacional y disfrutamos de la variedad geográfica del bosque seco (manglares, costa, desierto y pequeños oasis), vimos de nuevo muchas aves y visitamos una ranchería, que es como se conocen a los pueblos o asentamientos de las comunidades wayuus. Pipe, además de un joven super agradable dedicado al turismo, es gran conocedor de la cultura wayuu. Irónicamente, fue con él (que es bogotano, o sea, arijuna) con quien más aprendimos sobre esta cultura y sus costumbres, pero también sobre otros pueblos indígenas colombianos, sobre La Guajira y sobre el país en general. Sin filtros, pudimos hablar de política, historia, narcotráfico, corrupción y muchos otros "males" que dificultan la vida de los colombianos.

Para quien quiera profundizar aún más sobre la cultura wayuu, se pueden hacer rutas a pie con un guía local que le enseña las rancherías y comparte con ellos algunas tradiciones, les habla de platas medicinales, comida, etc. Hay que preguntar en el pueblo para tener información más detallada. Nosotros, por desgracia, nos enteramos de estas rutas cuando ya nos íbamos de Camarones.

Galería de fotos: Ruta a pie por el bosque seco

Descubrir la pesca con chinchorro

En la Guajira son frecuentes los cortes de electricidad e incluso hay muchos establecimientos que no cuentan con neveras. Así que el mejor consejo que se le puede dar al viajero es que coma pescado fresco, que además de rico, es barato y abundante por estas tierras. Suele venir acompañado de arroz con coco, ensalada y patacón (masa hecha de plátano frito).

Los pescadores salen todos los días en barco a soltar el chinchorro, que es como se llaman aquí a las redes de arrastre. Luego, desde la playa, un grupo (formado sólo por hombres) recoge la red siguiendo la forma tradicional, sin ayuda de ningún motor sino de su propia fuerza, y bajo la atenta mirada de mujeres y niños que luego les ayudarán en la limpieza de las piezas. Es todo un espectáculo que uno puede observar desde la playa y, si lo desea, puede comprar el pescado directamente a los pescadores. La redes vienen cargadas de sierras, cachirras, pargos, alguna manta raya y camarones (gambas) obviamente. No obstante, la pesca de este crustáceo, que da nombre al pueblo, se hace a la tarde-noche en la laguna y los camaroneros consiguen sacar cientos de kilos. La pesca del camarón es muy abundante y con el tiempo no han visto disminuir su reproducción sino al contrario. "Cada año hay más", nos contaba orgulloso José. Me pregunto si esto no tendrá algo que ver con el control y las regulaciones impuestas para proteger la laguna.

Vivir como un guajiro

Tengo la impresión que son pocos los turistas que dedican tiempo a conocer a los lugareños de Camarones. La mayoría hacen una visita relámpago para ver la laguna y sus flamencos, comer un pecado y volverse por donde han venido. Los guajiros están deseosos de poder recibir más turistas y darles todo lo mejor de su región.

En Camarones, la gente conoce el potencial de su entorno pero se lamentan de lo poco desarrollado que está el turismo aquí ya que "Parques" (como se refieren ala institución gestora de los Parques Nacionales) no les permite vender la tierra para construir hoteles u otras estructuras que atraigan al turismo ya que el territorio está protegido. Ellos saben que es importante proteger la laguna, pero a veces sienten que los desprotegidos son ellos.

Si algo nos gustó en Boca de Camarones fue poder conocer a todas esas personas que, sin pedir nada a cambio, nos enseñaron su cultura y compartieron todo un fin de semana con nosotros. Para ellos era un honor poder hablarnos de su vida en este pequeño lugar del mundo y se entusiasmaban al ver que nosotros escuchábamos con avidez y aceptábamos todos los planes que nos proponían: bañarnos en un río lejos de los turistas, festejar un cumpleaños al puro estilo guajiro, bailar vallenato, comer cóctel de camarones, beber chirrinchi (licor artesanal), montar una fogata en la playa y sobre todo, compartir con nuestros nuevos amigos.

Nos quedamos con la amabilidad, la continua sonrisa y las ganas de vivir de los guajiros. A veces es de las personas más sencillas de las que una aprende las mejores lecciones. Fueron solo dos días y medio los que pasamos en Boca de Camarones y, sin embargo, es uno de los lugares de Colombia que más nos ha marcado. Esperamos, algún día, poder volver a ver a nuestros amigos y recomendamos a quien nos lea que, si va por el caribe colombiano, no se salte esta parada en la Guajira. Seguro que no se va a arrepentir.

Dedicada a Eva, Carolina, Pipe, Papa, Jaider, José, Anderson, Manuel, Luis, Tobias, Loana y toda la gente que compartió ellos bonitos momentos con nosotros.

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