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CHILE capítulo 5: San Pedro de Atacama


Nuestro viaje en casa-rodante nos dejaba tras casi 2000 kilómetros en San Pedro de Atacama (puedes ver aquí mapa de la ruta norte). Este bonito y animado pueblo, uno de los principales destinos turísticos de toda Sudamérica, serviría como base de operaciones durante las tres próximas etapas de nuestra ruta por el norte de Chile. Tres días en los que descubriríamos un poco sobre la historia y cultura, la sabrosa gastronomía y sobre todo los inmensos espacios naturales que se esconden en este inolvidable rincón chileno. Bienvenidos a San Pedro de Atacama.

Día 12: Sector Soncor y Laguna Miscanti (302 km)

El día comienza en el corazón del Salar de Atacama (la mayor reserva de sal de Chile)

con la visita a uno de los sectores de la Reserva Nacional Los Flamencos. La Laguna

Chaxa (en el sector Soncor), nos da la bienvenida enmarcada en un paisaje de cumbres volcánicas nevadas y llanuras infinitas. En el centro de visitantes que se encuentra en la misma laguna vemos un video introductorio en el que explican el origen y la evolución de este ecosistema, y después caminamos maravillados por las rutas habilitadas, observando los flamencos que dan nombre a esta sorprendente reserva nacional.

Carmen conduce ahora camino de Peine, pero antes paramos en Toconao donde vemos un partido de "viejas glorias" entre la población local antes de visitar la bonita iglesia de roca volcánica (donde nos sorprende ver a una monja oficiando la misa del domingo). Ya en Peine, también pueblo indígena, nos volvemos a preguntar dónde está todo el mundo ya que no encontramos a nadie en sus calles. Estos dos pueblos del Desierto de Atacama, el más árido del planeta, se levantan en sendos oasis, de ahí que sus habitantes puedan disfrutar de agua corriente. En busca de un lugar donde llenar por fin los depósitos de agua de nuestra caravana nos encontramos con una piscina natural en las afueras del pueblo, donde unos niños juegan despreocupados.

Continuamos ya hacia la Laguna Miscanti, que se encuentra a unos 110 km de San Pedro en otro de los sectores de la R.N. Los Flamencos. El trayecto nos hizo disfrutar de paisajes de película con volcanes y cerros, quebradas y llanuras, cactus y vicuñas. Por desgracia, una vez en allí, el viento fortísimo por encima de los 4300 metros no nos permite hacer ninguna ruta por estos parajes tan salvajes y tenemos que conformarnos con un rápido vistazo.

Ya de camino de vuelta a San Pedro de Atacama paramos en el pueblo de Socaire (3500m de altura) a comprar en una tienda local con la idea de ayudar en la economía local de estas áreas remotas. También decidimos entrar en el único bar a tomar un te.

Como siempre estas pequeñas cosas se convierten en experiencias únicas. Sentados en la mesa del humilde bar con los propietarios y sus hijos, mientras intercambiamos historias, descubrimos que son peruanos y llevan solo 9 meses viviendo en Chile en busca de una vida un poco mejor a la que tenían en su país.

Ya en las llanuras del salar, la puesta de sol va tiñendo todo con unos colores que nos sorprenden. Decidimos parar y disfrutar en medio de la nada de este regalo de la naturaleza. El día ha sido intenso, muy intenso y necesitamos este momento de calma.

Día 13: Laguna Tebenquiche - Laguna Cejár - Cordillera de la Sal (86 km)

Con los deberes ya hechos la noche anterior, nuestra excursión matutina nos llevará por una ruta a distintas zonas dentro del Salar de Atacama. Primero la gran laguna Tebenquiche, después los Ojos del Salar, dos pozas circulares en medio de la nada y finalmente la Laguna Cejár donde finalmente Efrén se atrevió a bañarse a pesar del frio y del viento. Exploración pura y dura a través de paisajes hipnóticos alejados de otros seres humanos muy distinto de lo que nos esperaba en la excursión de la tarde.

Nuestra siguiente experiencia sería un tour programado* (el único que haríamos en todo el viaje) en la Cordillera de la Sal que incluye el Valle de la Muerte así como el Valle de la Luna. Junto a Sebas, nuestro guía e instructor (www.sandboardsanpedro.com) nos adentramos por valle de la Muerte a la primera actividad de la excursión: sandboard. El camino para llegar a la duna, formado por arenas y arcillas poco consolidadas que se levantan cual espinas dorsales como consecuencia de movimientos tectónicos, es de película. Además el recorrido en 4x4 es muy divertido. Ya en la duna y tras unas nociones básicas comenzamos a deslizarnos sin miedo durante un par de horas.

Divertidos y cansados seguimos nuestro tour dirección al Valle de La Luna. Tras pagar la entrada* en el centro de visitantes nos adentramos junto al resto del grupo (unas 10 personas) a través de las cavernas de Sal, un bonito capricho geológico que se formó por erosión de las formaciones arcillosas y evaporitas. Nos adentramos en el paisaje y las caprichosas formas nos sorprenden. Además Sebas y sus historias son el complemento idóneo para acabar de cautivarnos. Ver para creer.

La excursión continúa adentrándose a través del Valle de la Luna. Rocas plegadas, fracturas, cerros y sal evaporita hacen que el nombre del valle no se quede corto. Tras ascender a uno de los cerros, la última parte del tour consiste en tomar un pisco sour mientras esperamos la puesta del sol. Aunque las nubes restan una pizca de belleza, finalmente el color rojizo asoma inundandolo todo, reflejándose en las mismas nubes y en el resto del paisaje, incrementando más si cabe la belleza idílica del lugar. Esta visión era uno de los motivos de realizar este viaje a Chile y no nos decepcionó. Inolvidable.

Regresamos finalmente a San Pedro de Atacama, y nos perdemos paseando por sus coquetas calles y descubrimos la ramada (fiesta popular) con motivo de las fiestas patrias, donde música, parrilladas, juegos de azar forman un conjunto singular y único. Y como colofón a un día increíble vamos a cenar a "Las delicias de Carmen" por recomendación de Sebas. Tanto el pastel de choclo y el lomo a lo pobre eran para chuparse los dedos. Impresionante.

*Nota: Esta excursión nos costo 30000 pesos por persona. Además en los distintos sectores de la Reserva Natural de los Flamencos hay que pagar siempre (ver precios)

incluso con el carnet del Conaf. Según nos dicen la diferencia de este parque con el resto es que aún gestionado por la Conaf, son las gentes de los pueblos, los ataqueños, los que sirven de guardas y guías turísticos y los beneficios se reinvierten también en

ellos, además de en la propia conservación del entorno.

Día 14: Valle de la Muerte - Bosque de Cactus - Camino del Tatio (121 km)

Con las emociones a flor de piel aún por el día anterior, nos despedimos de San Pedro con un tranquilo paseo matutino en el que visitamos el marcado artesanal. Luego

queremos visitar la cercana Púcara de Quitor, antigua ciudadela indígena, pero no conseguimos dar con ella por lo que desistimos (además de que sabiamos que también teniamos que pagar). Como nos había parecido tan divertido el camino a la duna en el Valle de la Muerte decidimos ir a hacerlo con nuestro propio vehículo. La libertad de tener un 4x4 propio queda evidente aún más por estos caminos. Sin él, nuestro viaje no hubiese sido lo mismo, ni siquiera parecido.

Todavía con un largo camino por delante partimos dirección a los Géiseres del Tatio (que visitaríamos al día siguiente). Paramos en Guatín a comer. Allí visitamos el bosque de cactus y nos adentramos por la Quebrada del Puritana. Roca, agua y cactus se combinan a la perfección en este paraje, que no figura en los tours habituales, y que es otra de las muchas sorpresas que nos aguardaban en este maravilloso país.

Continuamos ganando altura dirección a las llanuras altiplánicas por carreteras de piedra y tierra. Escogemos la ruta más salvaje (muy cerca de las Termas de Puritana) que nos regala con paisajes de postal. Volcanes, vicuñas, salares, dunas... ya no sabemos dónde mirar o a qué hacer la siguiente foto. Llegamos a un paso por encima de los 4400 metros (nuestro máximo) para descender hasta una laguna altiplánica llena de vida junto al rio Putana, que contrasta con los kilómetros y más kilómetros por caminos de tierra, cruzando llanuras de arenas volcánicas, sin nadie a la vista, solo naturaleza en su estado más puro.

Ya al atardecer hacemos campamento a unos 4250 metros de altura a muy pocos kilómetros de los géiseres. Nuestro plan era acercarnos a ellos el día anterior para así poder visitarlos al amanecer, el mejor momento del día, sin tener que pegarnos la paliza que suelen hacer todos los tours organizados que salen en la madrugada del mismo día. La idea era buena pero La Puna (así es como se conoce a esta región altiplánica) nos tenía guardada una última sorpresa: el mal de altura. Primero yo y luego Carmen sufrimos en nuestras carnes todos los síntomas que produce en el organismo la falta de oxigeno a grandes altitudes. Y además todo se incrementan por la sensación de desasosiego al estar lejos de cualquier tipo de ayuda externa. Una noche dura, muy dura. Experiencias únicas. Chile.

Puedes ver más imágenes de esta etapa en nuestra Galería de Fotos.

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